• La otra cara de la Ley de Emprendedores española - Emprendedores freelance - Marketing, derecho y legislación para empresas y autónomos

    Posted on Mar 21, 2016 in Abogados y leyes, emprendedores

    La otra cara de la Ley de Emprendedores española

    La Ley de Emprendedores española se anunció a bombo y platillo en 2013 como una reglamentación beneficiosa y útil para quienes hayan decidido montar un negocio por su cuenta y riesgo.

    Su articulado, los beneficios que aporta, suponen sin duda un avance para crear escenarios favorables para la emprendiduría. Sin embargo, en términos generales, y el tiempo transcurrido desde su aprobación, ha demostrado que no sólo se queda corta, sino que tiene muchas carencias que, en la práctica, en la práctica de cada día, no da buenos resultados. El parcheo de 2016 no la hizo mejorar mucho.

    Un análisis de sus fundamentos teóricos nos permite comprobar que su gestación fue el resultado de una necesidad que acabó mal enfocada, la de creer que el emprendimiento puede resolver el problema del empleo en España.

    Lo cierto es que las nuevas empresas creadas bajo el amparo de la ley han constatado otra dificultad igual de grave sobre la marcha y es la de la falta de financiación que el articulado de la ley no arregla y que más bien empeora. Algo que ha hecho fracasar muchos proyectos emprendedores. Es lo que se ha dado en llamar la burbuja de los emprendedores española.

    La ley no contempla o, mejor, no facilita por ejemplo el apoyo financiero externo con  deducciones fiscales a los business angels internacionales que ayuden a estimular la financiación desde otros mercados con economías mejor dispuestas para invertir.

    Autónomos no empresarios

    Además, la ley considera a los  emprendedores como autónomos y no como empresarios como los que constituyen las sociedades mercantiles. La famosa tarifa plana de los 50 euros tampoco puede ser aprovechada por las nuevas empresas cuando la internacionalización de los negocios es un rasgo distintivo de las start ups españolas que suelen estar constituidas como sociedades mercantiles. Una pescadilla que se muerde la cola.

    Los business angels no pueden beneficiar a los autónomos porque lo que buscan son sociedades de inversión que les hagan más atractivos los apoyos económicos. El incremento del límite máximo de deducción para los business angels a 40.000 euros resulta, además, totalmente inapropiado por cuanto no se corresponde con el nivel de riesgo que asumen los inversores.

    La Ley del Emprendedor tampoco bonifica el conocido como intraemprendimiento, empresas que en su momento se desarrollaron desde el emprendimiento y que pueden invertir en otras que están en la fase inicial como ellas lo estuvieron. Ese sistema no se contempla como sería deseable, sí también con bonificaciones fiscales.

    Igualmente la tarifa plana de 50 euros para los autónomos más jóvenes en detrimento de los que tienen más edad, que han de hacer frente a una tarifa de 300 euros, resulta un agravio comparativo.

    Generación perdida

    Con esos 50 euros, se quiere apoyar a la conocida como generación perdida, pero lo cierto es que los profesionales que han perdido su empleo como consecuencia de la crisis y que tienen más de 40 años están igual de perdidos en el mercado laboral y tienen las mismas dificultades, o más, para salir adelante.

    Tampoco se dan los necesarios incentivos fiscales para que los emprendedores puedan contratar a trabajadores que en muchos casos representa la mitad del salario profesional. Por esa razón, los emprendedores se lo piensan mucho a la hora de ampliar sus plantillas. Además, a los jóvenes que disfrutan de la tarifa plana de los 50 euros, contratar personal les supone perder el beneficio de disfrutar de la misma.

    Otro de los problemas de base de la ley son las mismas cuotas de los autónomos. No tiene sentido que un profesional por cuenta propia pague 300 euros al mes cuando gana 1.200 euros y que otro que pague la misma cuota ganando 4.000 euros mensuales.

    Como ves la Ley del Emprendedor se ha quedado a medias y no cumple el fin para la que, en principio, y sólo en principio, fue creada. La ley emprende poco, pero, en cambio, de ella, se aprende mucho. Es una docencia real de cómo en muchas ocasiones el legislador deja mucho que desear y más por hacer.

     

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